PROYECTO MATUSALÉN

PROYECTO MATUSALÉN

PROYECTO MATUSALEN Parte 6: El Milagro

EL MILAGRO

Las afirmaciones de mi madre nos hicieron emprender una búsqueda de la veracidad de estas. Una prueba que confirmara el logro era todo lo necesario para dar a conocer este increíble descubrimiento que sin duda inmortalizaría la memoria de mi madre. Años de averiguación, no arrojaron la menor pista. Jesús murió y quede sola en esta ardua investigación, pero el carácter nómada de mi madre desvanecía las posibilidades de encontrar algo. Sin embargo, la respuesta siempre estuvo allí, a la vista, siguiéndome en cada momento de mi vida.

Actualmente vivo en una cabaña, posada en una montaña del majestuoso Páramo Andino, junto a dos buenos amigos, Francisco y Anita. El primero, un viejo sabio que debería tener unos ochenta y tantos años y la otra, una inquieta niña que goza de una juventud de doce años.

Francisco, vive sumergido en sus pensamientos y pasa largas horas a la entrada de la casa tocando su flauta de Pan.

La joven Anita, siempre atenta al mundo que la rodea disfruta alegremente, jugar con el pequeño Pólux, un travieso mus musculus.

Mi relación con ellos se debe a que los tres comparten conmigo un vínculo que nos diferencia singularmente de todos los demás seres vivos. Los tres, con doscientos diecisiete años de vida, somos el milagro de la técnica, la prueba viviente del éxito de la quimera que caprichosamente anheló mi madre.

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PROYECTO MATUSALEN Parte 5: Ambiciosa

AMBICIOSA

Las experiencias con animales nunca se llevaron a cabo, era costumbre implementar los avances, si y solo si se comprobaba la eficacia del mismo en un porcentaje mayor al noventa por ciento de probabilidades de éxito. Los simuladores de cómputo, proporcionaban las herramientas necesarias para evitar prácticas aventuradas.

Toda la investigación del proyecto tuvo su base en simulaciones virtuales. Estos programas recogen las millones de características que se hayan descubierto sobre la anatomía de cualquier ser vivo y permiten ensayar cualquier procedimiento sin afectar a un ser vivo.

Las notas de las investigaciones indicaban que los trabajos sobre el nematodo, habían logrado quintuplicar su tiempo de vida, mientras que sobre el mus musculus se realizó el mayor trabajo, ya que los resultados de este eran los que realmente servirían para aplicarlo al humano.

Cada progreso sobre el mamífero era aplicado inmediatamente sobre el primate. Progresivamente se iba develando el camino a la inmortalidad, hasta que un bache desaceleró los avances del trabajo de mi madre.

El cerebro, el principal centro nervioso de los animales vertebrados, pareciera que encerrara un conocimiento sin límites. Aún con las tecnologías más avanzadas, este súper grupo de redes neuronales que controlan las funciones del organismo, se niega a revelar todos sus misterios. Sincronizar el desarrollo de esta estructura con el de los restantes órganos, fue lo que hizo fracasar una y otra vez las pretensiones de mi madre. Cada experiencia estaba acompañada de alguna anomalía, desarrollo prematuro, retardo mental, desfase entre los diversos lóbulos y el cerebelo; estas eran algunas de las fallas que comprometían el proyecto.

En un pequeño párrafo al final de todo el texto, redactado una semana después de que la directiva de la corporación suspendiese el proyecto, justo el día que renunció mi madre, ella expresa lo siguiente.

El secreto de la vida eterna en La Tierra ha sido descubierto, no mencionaré cómo lo logré pero los resultados ya se están gestando. He logrado encontrar el elemento común que integra las partes del cuerpo y regulan su marcha. La manipulación de este eje, conocido por antiguas culturas indo-americanas, e ignorado por la medicina moderna, fue la respuesta que tanto se me escabullía. Esto no quiere decir que la solución se encontrase en el lado de las ciencias ocultas, se trata de una explicación científica de un concepto aparentemente mitológico. La emoción que siento me colma de una satisfacción inaudita. Ya nada en la genética me importa, he llegado a la cima y pasará mucho tiempo hasta que alguien compruebe mis resultados. Me voy de la corporación, una corporación que no entendió la trascendencia de este descubrimiento, ahora yo, contra todo espíritu científico le negaré a la gente del mundo la eternidad. Una eternidad que para bien o para mal no se merece.

El asombro en el rostro de Jesús y el mío era indescriptible. Completamente atónitos guardamos un silencio sepulcral durante algunos instantes. Las palabras de mi madre nos produjeron en cierto modo un sentimiento de indignación. Todo ese tiempo estuvo trabajando solo para lograr una ambición personal, sin pensar en lo más mínimo, como podría contribuir al bienestar de la humanidad. Entiendo que se haya sentido vejada por la corporación pero nunca intentó reactivar el proyecto, evidenciando sus egoístas pretensiones. A nadie quiso dañar ni ayudar, solo quería adular su propio intelecto.

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PROYECTO MATUSALEN Parte 4: Antecedente Mitologico

ANTECEDENTE MITOLÓGICO

Ese mismo día en la tarde fui a su casa. Al llegar, inmediatamente empezamos a revisar los archivos. Estos se dividían en dos carpetas, una en la que estaban los objetivos, postulados teóricos y filosóficos del proyecto, y otra en la que estaban las descripciones y resultados de los experimentos que se realizaron o mejor dicho que realizó mi madre, la cual aparecía como la única autora de todo el material.

Parte del texto con el que mi madre presenta el proyecto, dice lo siguiente:

Matusalén, según el libro del Génesis en el Antiguo Testamento, murió en el año del Diluvio, a la edad de 969 años (Gén. 5,21-27) y desde ese entonces su nombre está asociado con la longevidad. Fue hijo del patriarca Enoc, quien según el mismo texto, “Enoc anduvo con Dios y desapareció, porque Dios se lo llevó” (Gén. 5,24). Este versículo posee una gran influencia dentro de los conceptos sobre la inmortalidad o vida eterna, desarrollados en el Antiguo Testamento. Además, Matusalén fue abuelo del patriarca Noé, quien vivió 950 años (Gén. 9,29). En el Antiguo Testamento son muchos las historias de personas que vivieron largas vidas, y todos de una u otra forma tuvieron algún vínculo con Matusalén, pero exceptuando estos héroes bíblicos, no se conoce de la existencia de un ser humano que haya logrado superar las fronteras impuestas por la muerte y precisamente esto será el gran logro del Proyecto Matusalén. Hemos logrado decidir sobre nuestra evolución, la inmortalidad solo será el siguiente paso en el camino a la perfección.

En todo el registro, no se encontraba ninguna consideración que demostrara la necesidad de este proyecto. Tal parece que solo respondía a un capricho de mi madre. En la última conversación con el Dr. Rodríguez, este también me dijo que ella había sido la última investigadora que trabajó con la desaceleración del envejecimiento, además, que fue la única interesada en el área durante casi cinco años. Con la suspensión del proyecto, el resto de las corporaciones también perdieron el interés y ningún estado estaba dispuesto a invertir en estas investigaciones. Consideraban que si FarGen se detuvo, es porque había fuertes limitaciones. La reputación de la corporación lo ameritaba, nunca se llegó a detener un proyecto, aparte que todos concluían exitosamente, no en vano era la principal farmacéutica del mundo.

Continuando con el proyecto, el mismo constaba de dos fases. Ambas tenían como objetivos desacelerar de forma integral, el envejecimiento de los distintos tipos de estructuras pluricelulares que conforman el cuerpo humano, con la diferencia fundamental que la primera fase se encargaría de experimentar distintas teorías sobre organismos menos evolucionados, empezando con el diminuto gusano nematodo caenorhabditis elegans, del cual se conoce exactamente el número y funciones de cada una de las células que lo conforman, y luego con un mamífero, el mus musculus, de rápido crecimiento, lo que permitiría conocer resultados a corto plazo. La segunda fase sería experimentar con humanos.

El principal objetivo era alargar la vida humana, garantizando el disfrute pleno de sus potencialidades, a diferencia de las prácticas médicas clásicas, las cuales prolongaban la vida tratando de combatir un mal, producto del debilitamiento o afección de algún órgano. Esta práctica, la cual aún fundamenta las ciencias médicas, vivió dos grandes acontecimientos a lo largo del tiempo, el primero fue el surgimiento de los transplantes de órganos. Toda una revolución dentro del campo medicinal, el principio era elemental, se sustituye una pieza defectuosa por otra sana. La principal dificultad estuvo en que alguien tenía que ofrecer sus órganos voluntariamente, distintas culturas y tradiciones no lo permitían, el cuerpo era sagrado, lo que trajo como consecuencia que el número de demandantes de órganos fuesen mucho mayor que el de los donantes, aunado a que la compatibilidad entre el receptor y el órgano debía ser casi perfecta. Los transplantes fueron tan solo pañitos de agua caliente y no una solución real al problema de la muerte.

El otro hito que marcó el progreso de la medicina es una consecuencia de los continuos avances en genética. La clonación de órganos vino a solventar el problema de la compatibilidad y las granjas de cultivo de células madres se convirtieron en una próspera industria. Al principio, esta era una tecnología exclusiva para los que la podían pagar, pero el desarrollo sostenido y el depuramiento de las técnicas, le han concedido a todos beneficiarse de la misma, al punto que pueden adquirirse cuantas réplicas se necesiten de un determinado órgano. Aparentemente se había conseguido alargar la vida tanto como se quisiera, pero se estaba muy lejos de lograr ese sueño. El transplante de órganos clonados, solo logró garantizar el funcionamiento de órganos vitales, tales como el corazón, los pulmones, el hígado y otros, pero el deterioro y por ende, el debilitamiento del tejido muscular, las redes sanguíneas y neuronales, eran cuestiones que ninguna teoría genética había podido neutralizar.

Jesús, a medida que revisaba el proyecto se llenaba cada vez de mayor asombro, evidentemente estaba descubriendo grandes cosas con las investigaciones de mi madre. Repetidas veces decía que se había adelantado totalmente a su época y que resultaba indignante que todo eso estuviese durante tanto tiempo, atrapado en el corazón de la corporación. Cada vez que hallaba algo importante me lo explicaba con lujo de detalles. No se me dificultaba en lo absoluto comprenderlo, el trabajo dentro de la corporación me había familiarizado con el léxico genético.

Las hipótesis de mi madre fueron diversas, pero las que más llamaron la atención de Jesús y sin lugar a dudas las que definieron el camino de las investigaciones de mi madre, fueron fundamentalmente dos, una en la que plantea que la apoptosis o muerte celular programada, era la causante del envejecimiento y si se lograba controlar, se detendría este proceso. Pero, analizando los trabajos de otros científicos consiguió que a finales del siglo XX, se había determinado que este mecanismo era empleado por las células enfermas para evitar la incubación de agentes virales o cancerigenos, por lo que detenerlo pondría en riesgo las defensas del cuerpo. Además, la apoptosis contribuye con la construcción y el mantenimiento de los tejidos y sobre esto es que mi madre planteó otra posibilidad. Teóricamente, proponía que cada célula nueva fuese mucho más fuerte que la original y la producción de las encimas que intervienen en los complejos procesos del cuerpo humano, se mantuviesen en sus niveles óptimos sin sufrir alteraciones. Esto debería lograrse a partir de una edad en la que el embrión se haya desarrollado totalmente, es decir llegada la adultez.

Lograr el equilibrio entre las muchas y complejas funciones del organismo era lo que presentaba la mayor dificultad. No se trataba de un aspecto aislado, sino de la integración de todas los conocimientos anatómicos existentes. No es de extrañar que hasta los genios más notables hubiesen desistido.

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PROYECTO MATUSALEN Parte 3: Codigos

CÓDIGOS

Acceder a la información del proyecto era sumamente difícil, los archivos se encontraban en la base de datos confidenciales de la corporación. El área donde están los registros físicos se encuentra protegida por fuertes medidas de seguridad. Se sabe que en el pasado fue robada una de las fórmulas genéticas que mayor expectativa había causado en el área genética. La cura del SIDA fue presentada al mundo por un científico mexicano, del cual no recuerdo su nombre. FarGen introdujo una demanda afirmando que esta había sido sustraída de sus laboratorios, pero al final no tuvo manera de demostrarlo y el caso fue cerrado.

La única posibilidad en la que pensé para conseguir los archivos era solicitárselos al Dr. Rodríguez. No creí que facilitármelos representara problema para él. Era un proyecto prácticamente muerto, nadie en el mundo trabajaba al respecto, al menos no de forma pública. Pero estaba equivocada. Luego del necesario trámite burocrático, conseguí hablar nuevamente con el Dr. Rodríguez al día siguiente. Le solicité que me permitiera revisar los archivos del Proyecto Matusalén, pero sorpresivamente se negó diciéndome que no permitiría que arruinara mi carrera.

− No permitiré que los trabajos de tu madre despierten en ti sus mismas ambiciones. Esos archivos solo te revelarán una etapa de decepciones y fracasos, vivida por tu madre.

Respondí altivamente − Usted me dijo que mi madre aseguraba estar cerca de alcanzar sus objetivos, lo que me permite suponer que sus afirmaciones no eran ilusiones. Sus argumentos me parecen fuera de lugar.

De ninguna manera me permitió que revisara la documentación del proyecto, pero esto no frenó mis deseos de descubrir los logros de mi madre. Salí de la oficina de Rodríguez muy contrariada. Tuve que pensar en otra forma de llegar a los archivos. Lo único que se me ocurría era extraerlos de la red informática de la corporación, solo tenía que conseguir las claves de acceso. Para hacer esto, necesitaba la ayuda de alguien. Esta persona tenía que ser de suma confianza, además debía conocer la forma de desencriptar los códigos. Solo tenía una opción, el Dr. Jesús Polanco, sé que también es un computista excelente y formó parte del equipo de reestructuración de la red corporativa de FarGen. Sin duda que es la persona indicada para penetrar en las áreas restringidas del sistema.

Lo llamé y le pregunté si disponía de algún momento para hablar con él sobre el asunto. Acordamos ir a tomar una café al final de la tarde.

Llegada la hora empecé a introducirlo en el tema. Le comenté sobre las conversaciones con el Dr. Rodríguez y finalmente le dije el objeto de nuestra reunión. Le propuse que me ayudara a conseguir los archivos del Proyecto Matusalén. Me costó trabajo convencerlo, evidentemente se opondría, no se arriesgaría a jugarse su puesto dentro de la corporación. Mis argumentos se fundamentaron en la confidencialidad que ameritaba el caso tanto de su lado como del mío. En caso de que fuese descubierta no revelaría la forma como conseguí la información. No importaba cuantas condiciones o argumentos le diera, estaba totalmente negado a ayudarme hasta que le hablé de las sospechas que me había despertado la actitud del Dr. Rodríguez. ¿Por qué se negaría a concederme la información si se trataba de un proyecto tan irrelevante para la corporación? Jesús convino en que era una actitud sumamente curiosa. De esta manera desperté su espíritu investigador y se comprometió a ayudarme.

Esa misma noche volvimos a la corporación. Nuestra llegada no levantó la más mínima sospecha, ya que no era extraño que los investigadores trabajaran en horarios nocturnos. Ya dentro, Jesús empezó a manipular el sistema. A pesar de haber sido una de sus creadores, sabía perfectamente que los protocolos de seguridad eran sumamente avanzados y que habían sido diseñados para evadir incluso a las mentes más expertas. Pasamos buena parte de la noche sin que se consiguiera alguna ruta de acceso. Pasadas las tres de la mañana de esa agotadora noche, Jesús consiguió la ruta de acceso descifrando los códigos de bloqueo. Descargó todo el proyecto y salimos de la corporación.

Al llegar a la casa no tenía en mente otra cosa más que revisar el proyecto. Sentada frente a la computadora de mi casa, fui pasando las páginas, me resultaba complicado interpretar la mayor parte de la información. Un aspecto que atraía mi atención eran unas cortas notas en los márgenes superiores e inferiores de las páginas con frases como altamente inestable, incompatible, no hay correlación y otras por el estilo. Finalmente el cansancio me venció y me quedé dormida.

Al día siguiente me despertó el timbre del teléfono. Era Jesús quien sin duda estaba tan interesado como yo en saber sobre el Proyecto Matusalén. Le conté lo que había encontrado y le pedí un favor más, que me ayudara a interpretar esta información. Él en su condición de experto genetista, le resultaría sencillo desencriptar este otro código. Aceptó la propuesta sin el menor cuestionamiento, al fin y al cabo, el mayor riesgo ya lo había corrido.

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PROYECTO MATUSALEN Parte 2: Proyecto Matusalen

PROYECTO MATUSALÉN

Antes de empezar quiero presentarme, me llamo Lucybel Carreño. Soy Ingeniera Química graduada en la Universidad Central de Venezuela. Trabajé como supervisora en la línea de Procesos Industriales de la corporación FarGen, la mayor productora de fármacos de origen genético y que lidera la industria desde hace varios siglos.

Un domingo, en un intento por ordenar la oficina que tenía en mi casa, el titular de una vieja revista atrajo mi atención. Vida eterna en La Tierra se leía en la portada de aquella. Un artículo de tres páginas que trataba sobre el alargamiento de la vida humana y su posible eternidad. Al leer el artículo, encuentro algo que realmente me dejó sorprendida, mi madre era las más notable investigadora sobre la genética de la vejez y directora del Departamento de Investigaciones Experimentales de FarGen, en aquel entonces. En una breve entrevista anexa al artículo comenta que la detención del envejecimiento es una situación completamente posible porque conocemos todos los genes de la especie humana y si hemos logrado manipularlos a nuestro antojo, alargar la vida tanto como queramos será solo el siguiente paso, luego seguramente vendrán otros retos al intelecto humano.

Todo esto me causó sorpresa, ya que apenas llegué a conocer a mi madre, ella murió cuando yo tenía ocho años. El único recuerdo que tengo de ella es un álbum con fotografías tomadas en muchos lugares. Sí sabía que había trabajado en FarGen, ya que algunos de sus compañeros siguen trabajando en la corporación y me identifican como su hija. Me extraña que nunca me hubiesen comentado sobre esto, además, en la casa no se encuentren placas o diplomas, siendo una científica tan destacada. De no haber conseguido esta revista, ni siquiera hubiese sospechado el prestigio que tenía como genetista.

Al día siguiente, llegué a la fábrica y estaba el Dr. Jesús Polanco. Científico brillante con una reconocida trayectoria en el área genética, buen amigo y lo que más me interesaba en aquel momento, había conocido a mi madre. Lo abordé y luego de saludarlo, le interrogué de algunas cosas sobre ella.

− ¿Por qué nunca me contaste que mi madre había llegado a ser directora del Departamento de Investigaciones Experimentales?

− Nunca pensé que no lo supieras − me respondió.

− Sé que nunca se logró alargar la vida de la especie humana, pero ¿qué tan cerca estuvo mi madre de conseguir el secreto de la vida eterna? − proseguí.

− Realmente no lo sé. En aquella época yo estaba entrando a la corporación y trabajaba en control de calidad. Mi contacto con ella fue mínimo, se limitó exclusivamente a pocas reuniones esencialmente administrativas. Sé que ella renunció cuando yo tenía poco menos de un año de haber llegado.

− ¿Sabes por qué renunció?

− No. Aunque se había corrido el rumor de que fue suspendido el apoyo a sus investigaciones por considerarlas muy ambiciosas e imposibles de lograr.

− ¿Y sabes quién pudo haber tenido una estrecha relación con ella? Alguien de su equipo de trabajo, por ejemplo.

Me respondió afirmando que el único miembro del DIE de aquel entonces que continúa en la corporación es el Dr. Rodríguez, actual vicepresidente de la corporación.

No sería fácil entrevistarlo. Tuve que pautar una cita con él y afortunadamente, la conseguí para el miércoles de esa intensa semana. A las dos de la tarde acudí puntualmente a su oficina y al verle se adelantó a mis preguntas diciéndome -¿Vienes a saber de tu madre?

− ¡Ah! ¿Cómo lo supo?

− Lo imaginé. Sé que Isidora − así se llamaba mi madre − murió cuando eras muy joven, es natural que quieras saber de ella.

− Así es. ¿Quisiera saber por qué renunció? ¿Qué alcances tuvieron sus investigaciones? ¿Qué tan cerca estuvo de la inmortalidad? − le pregunté agitadamente.

El doctor me contestó diciéndome que precisamente este fue el motivo por el cual renunció. Sus investigaciones eran su vida. Estas no arrojaban resultados tangibles, pero ella aseguraba que estaba muy cerca y que solo quedaba un problema por resolver. Nunca llegué a saber que era lo que le faltaba. Sus investigaciones fueron absolutamente personales y luego de quince años de fracasos, la corporación decidió suspender el Proyecto Matusalén − así se llamaba el proyecto de mi madre −. Este empezaba a hacerse insostenible y perdía rentabilidad, por lo que la corporación se desinteresó del mismo. Isidora nunca lo aceptó y se fue. No volvimos a saber de ella hasta que recibimos la noticia de su muerte. Ese día supimos que había tenido una hija y que vivió viajando de un lado a otro sin fijar una residencia. Eso explicaba en parte por qué conservo pocas cosas de ella.

Continuando con la entrevista, le pregunté − ¿El Proyecto Matusalén nunca fue retomado?

− No. Este quedó en el olvido, no había escuchado hablar de él desde que fue suspendido.

Tuve que terminar la conversación para volver al trabajo. Le pregunté si podía buscarlo en caso de que tuviera otra inquietud y se ofreció gustosamente.

Durante toda la noche de ese día estuve pensando sobre lo que pudo haber conseguido mi madre como para renunciar a la corporación y llevar una vida con un bajo perfil, abandonando una exitosa carrera profesional. Será una muestra de impotencia ante la imposibilidad de conseguir su mayor ambición. ¿Qué fue lo que realmente pasó? ¿Dónde encontraría una respuesta?

Al otro día me enfoqué en buscar los registros del Proyecto Matusalén. Este sería el que me diera las respuestas sobre mi madre. Tal como me dijo el Dr. Rodríguez, su trabajo era su vida. Entonces esos archivos debían ser su biografía y en efecto así fue.

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PROYECTO MATUSALEN Parte 1: Evolucion

EVOLUCIÓN

Hace ya muchos años que el ser humano descubrió el universo de los genes y en su afán de poder lo quiso dominar. Desde que los biofísicos Maurice Wilkins, James Watson y Francis Crick lograron determinar la estructura tridimensional del ADN, la genética se impulsó a un ritmo imparable. La conquista de este terreno fue quizá la mayor batalla que pueda haber existido entre la ciencia y la ética. Muchos fueron sus retractores, pero la investigación nunca se detuvo. Día a día, los científicos presentaban nuevos descubrimientos que sorprendían al mundo y que representaban una esperanza para combatir gran parte de los malestares físicos que aquejaban a la humanidad. Pero la Biomedicina no era el único campo que se robaba la atención de los investigadores, especialmente de algunos estados y corporaciones, con gran poder económico e influencia en el mundo. La creación de un nuevo ser humano, genéticamente más inteligente, más fuerte, en fin, un ser perfecto, era la ambición de algunos y la pesadilla de otros, quienes avizoraban el nacimiento de una nueva forma de discriminación fundamentada en el origen genético.

A finales del siglo XX, la manipulación genética, convertida en toda una especialidad dentro de las ciencias biológicas, alcanzó su punto de quiebre cuando un científico escocés logró exitosamente la clonación de una oveja. Dolly, nombre con el que fue bautizada, mostró que era absolutamente factible crear una replica idéntica de un ser vivo con una estructura genética y molecular compleja. La técnica fue probada con distintas especies, pero muchos sectores en el mundo se opusieron rotundamente a que fuese aplicada en seres humanos, las autoridades políticas, religiosas y diversos grupos sociales del mundo se pronunciaron al respecto, provocando la creación de leyes que prohibieron la clonación humana.

Esto no detuvo en lo más mínimo el progreso de la investigación sobre la genética humana, al fin y al cabo, la clonación no era el principal interés de los expertos, además, esta tan solo representa una parte infinitesimal del enorme campo que encierran los genes. Desde la creación de nuevas especies, tanto animales como vegetales, hasta el desarrollo de vacunas y órganos humanos, aunado a intensas campañas publicitarias y el apoyo de sectores agroindustriales y sociedades médicas, la genética poco a poco fue introduciéndose en la cotidianidad de la sociedad, al punto que empezó a pasar desapercibida dentro de la misma.

Pese a que se prohibió la clonación humana, la posibilidad de diseñar seres perfectos no estaba al margen de la ley y con esta finalidad muchos científicos, especialmente médicos, empezaron a ofrecer la posibilidad de tener hijos con las características genéticas que les interesaran a sus progenitores. El diseño de embriones no tardó menos de veinte años en constituirse como la principal opción reproductiva de las parejas de los sectores más pudientes, dando origen a unas de las profecías más temidas por los opositores a la manipulación de los genes, la discriminación genética. Ya no eran los negros, los enanos, las mujeres, los feos, los gordos o los pobres, sino los genéticamente imperfectos. A estos se les prohibió el acceso a la educación superior, por considerarlos genéticamente incapaces de desarrollar el intelecto necesario para obtener una profesión académica. La educación estaba totalmente determinada por la calidad del material genético de los individuos, los gobiernos no intervinieron implacablemente en esta situación y con el tiempo se hicieron participes de la misma, lo que resultaba lógico, dado que los genéticamente perfectos, también eran gobierno. Los embriones a los que se les detectaba una baja calidad genética, eran abortados de manera obligatoria, despejando totalmente el camino hacia una humanidad artificialmente evolucionada.

Los avances que se habían conseguido con la genética, fueron asombrosos, pero aún faltaba algo. Así como la demostración del Último Teorema de Fermat ha frustrado a los matemáticos más destacados durante varios siglos, algo había hecho lo mismo con muchos de los genetistas más importantes de los últimos tiempos. Los genes aún guardaban un importante secreto, el misterio de la vida eterna en La Tierra. La inmortalidad era una de las pocas cosas que la genética no había logrado controlar. Muchas son las teorías planteadas y los experimentos realizados, pero el resultado siempre era el mismo, un fracaso tras otro. Esta situación había llegado a tal punto que hizo florecer el escepticismo de buena parte de las más respetables instituciones y sociedades de investigación del genoma a escala global, convirtiéndose en el mayor reto en la historia de humanidad, luego de que en la edad media, los alquimistas tuviesen las mismas pretensiones.

Se crearon instituciones dedicadas enteramente a este misterio, empresarios y estados invirtieron fuertes sumas en la investigación, pero debido a los continuos fracasos, el apoyo se fue atenuando progresivamente, y a falta de resultados concretos, las mismas instituciones cambiaron sus líneas investigativas, otras simplemente desaparecieron, las pocas que quedan se dedican esencialmente al retardo del envejecimiento externo con fines estéticos. Los resultados han sido satisfactorios, pero no han logrado alargar la vida y mucho menos vencer a la muerte, al menos eso era lo que creía.

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